¿Qué es una revolución?
¿Cuándo un acto es revolucionario? ¿Cuándo creemos que alguien es
revolucionario? ¿Bajo qué mirada juzgamos los actos? A la hora de analizar qué
es una revolución medimos los actos bajo la vara de “la Revolución francesa” o
“la Revolución industrial”. Ahora bien, ¿no hay otras posibles revoluciones?
Las revoluciones pueden
observarse como políticas, económicas, sociales o tecnológicas, al menos así
las entienden los historiadores y sociólogos. Ahí es donde entran en juego las
distintas ideas de revolución. Se entiende por acto revolucionario aquel que
rompe directamente con una idea establecida; yo creo que cualquier acto que
intente, al menos, romper lo ya establecido debe ser considerado un acto
revolucionario.
Miro a mí alrededor y veo
tantas cosas ya establecidas y pienso lo revolucionario que debe haber sido
aquel que rompió con esa idea. Me veo a mi misma usando pantalones y entiendo
todo el cambio social que se necesitó para que ese simple acto, que en pleno
Siglo XXI no horroriza a nadie, haya sido considerado natural.
Veo a las mujeres
saliendo a trabajar y a los hombres quedándose en la casa, veo una mujer
manejando, haciéndose cargo de su vida; veo, y entiendo, el avance de la
sociedad hasta comprender la necesidad de brindarle a la mujer una identidad
más allá del rol de ama de casa y comprendo cómo se lograron correr las
barreras de lo preestablecido.
Observo con atención,
caminando pasan dos hombres de la mano y comprendo que socialmente están siendo
aceptados, que falta un largo trecho por recorrer, pero que ya no es “anormal” ver una pareja homosexual. Y,
entendiendo cómo antes alguien por ser homosexual iba preso por indecencia
grave, comprendo el avance social que se dio a lo largo de los años.
Veo a los jóvenes
militando, luchando, formando ideales y conformando batallas contra lo que
consideran erróneo. Observo a todos aquellos que llevan adelante una forma de
pensar, una idea, que no se dejan pasar por encima y que, principalmente,
consideran necesario romper con eso establecido.
John Lennon dijo una vez “Defiendo la revolución en nuestras cabezas”.
Esta frase me hace reflexionar, me hace pensar. Quizá maximizamos la idea de
revolución sin entender que cualquier acto puede ser revolucionario. Si el día
de mañana a todos se les ocurriese salir vestidos de negro, una persona que no
lo haga ya está haciendo un acto revolucionario, simplemente por ir contra algo
establecido.
La primer mujer que se
puso un pantalón; el primer hombre que luchó por un trabajo justo; el primer
homosexual en exigir derechos; las movilizaciones de los negros en Estados
Unidos y en África; las mujeres que lucharon por sus derechos laborales, a quienes hoy se las conmemora con
el día de la mujer; los jóvenes que se movilizaron pacíficamente para terminar
con la guerra en Vietnam; los estudiantes que exigían una mejor educación
durante mayo de 1968; la primer travesti en exigir derechos para su identidad…
miles de personas que fueron tratados como locos pero que hoy, muchos años
después, se los entiende como ideas revolucionarias.
No hace falta pensar la
revolución desde esos grandes actos que rompieron todas las esferas de la
sociedad. Yo veo a la revolución como ese estado permanente del ser humano de
querer cambiar lo que no le gusta, aquello que siente que lo oprime o que
simplemente no lo deja ser.
Revolución no es romper
con todas las estructuras. Un revolucionario es aquel que se permite ser
diferente, pensar distinto, no seguir lo establecido por el simple hecho que lo
está; es aquel que entiende, analiza, genera una idea propia; es todo aquel que
lucha por lo que quiere, que forja un ideal y lo mantiene.
Revoluciones hay muchas,
y revolucionarios más aún.
*Subcomandante Marcos